martes, 28 de febrero de 2017

JUAN RULFO



Juan Rulfo,  Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, nació el 16 de mayo de 1917 en Sayula, estado de Jalisco, México. Pasó la primera parte de su infancia en San Gabriel, población rural del estado de Jalisco. Tenía siete años cuando su padre, un terrateniente arruinado por la reforma agraria que siguió a la revolución mexicana, fue asesinado. 
Durante los turbulentos años de la guerra cristera permaneció en Guadalajara, donde realizó sus primeros estudios. En 1930, tras fallecer también su madre, él y sus hermanos quedaron bajo la custodia de su abuela materna. De allí pasaría a un orfanato. 
La obra del narrador mexicano Juan Rulfo tuvo enorme trascendencia en el desarrollo de las letras hispanoamericanas. El tono localista de su narrativa no le impidió alcanzar la universalidad.  Sus historias transmiten una compleja y profunda panorámica de la condición humana. La violencia, la muerte, la degradación humana, la culpa, el fatalismo o una sexualidad casi animal son temas recurrentes en Rulfo, sirviéndose de estos recursos y de una gran habilidad para estructurar sus relatos en torno a motivos cíclicos.
 Rulfo diseccionó múltiples aspectos de la naturaleza humana a partir de la vida rural mexicana. En la imagen, una curiosa instantánea del autor tomada poco tiempo después de la publicación de su novela Pedro Páramo (1955).
En 1934 fracasó en su intento por ingresar a la Universidad Nacional, por lo que se vio obligado a trabajar en la Secretaría de Gobernación. Sin embargo, asistió como oyente al colegio de San Ildefonso y, durante las noches, al salir del trabajo, comenzó a escribir sus primeros textos. Sus primeras colaboraciones aparecieron en la revista Pan de Guadalajara, fundada por Juan José Arreola y Antonio Alatorre. En 1946 consiguió empleo como agente viajero y al año siguiente contrajo matrimonio con Clara Aparicio. 
Después de la publicación de su libro de relatos El llano en llamas (1953) y de la novela Pedro Páramo (1955), su celebridad comenzó a crecer. Durante la década de los sesenta aparecieron traducciones de sus dos únicos libros en Alemania, Italia, Francia, Estados Unidos, Polonia y Noruega. Recibió el Premio Nacional de Letras en 1970 y el Príncipe de Asturias en 1983. La obra rulfiana se reduce a los títulos mencionados, tres textos para cine (El gallo de oroLa fórmula secretaEl despojo), y una serie de materiales dispersos entre los que se cuentan discursos, conferencias y prólogos. Pero estas pocas páginas han bastado para asegurarle un lugar de privilegio en la historia de la literatura escrita en español. 

El llano en llamas

Su primera obra, El llano en llamas (1953), es un conjunto de diecisiete cuentos de tema rural que, de línea costumbrista que floreció en México durante las primeras décadas del siglo.Rulfo recrea tradiciones y modos de hablar de la gente de su tierra, la hondura de su prosa le da a cada uno de sus relatos una significación universal. Las estilizaciones y audacias técnicas que lo alejan de los cauces narrativos tradicionales y le permiten pasar de lo real a lo fantástico con sorprendente naturalidad. El tono de estas historias es, en general, bastante sombrío y se desarrollan en medio de la desesperanza, la pobreza y la violencia. Estos rasgos se aprecian, sobre todo, en cuentos como Nos han dado la tierraLuvinaEl hombre y Macario. Algunos de los relatos han sido llevados al cine, y también lo fue ya en 1967 Pedro Páramo, su única novela. 

Pedro Páramo
Novela de compleja, donde las premisas planteadas en los cuentos son llevadas al extremo. De compleja estructura cuyo desarrollo fragmentario y episódico mezcla de manera aparentemente arbitraria diversos planos temporales y puntos de vista. La trama ocurre en un pueblo llamado Comala. Hasta allí llega un tal Juan Preciado en busca de su progenitor, Pedro Páramo, un cacique local. Alrededor de la compleja personalidad de este último gira todo el relato. El libro presenta un elaborado entramado argumental, poblado de numerosos personajes, en el que predominan la muerte, el rencor y la fatalidad. Muy pronto queda claro que Comala es un pueblo fantasma y que los principales personajes, incluyendo al propio Preciado, ya fallecieron. Ello no les impide recordar, soñar y conversar desde la tumba. Esto,  otorga a la obra un carácter muy particular que combina el lirismo y lo sobrenatural con una descarnada descripción del autoritarismo y la miseria del campo latinoamericano. Todo sustentado en una estructura mitológico-simbólica de gran fuerza expresiva que ha elevado la obra a la categoría de gran clásico de la literatura hispana.

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